El metro estaba en la hora "pico"; personas paradas en filas como en latas de sardina, moviendose al unísino, si el vagón aceleraba o frenaba. Sintiendo la cantidad de fragancías entre ellos mismos. Agarrandose de cualquier lugar con el placer de poder ir sujeto sin caerse. Unos estudiantes de bachillerato, con uniforme azul, estaban escuchando reggeaton. La musica salía del celular de uno de ellos. Eran las unicas voces que se escuchaban en ese vagón. Los demas parados a esperar la siguiente estación, o la próxima; o la siguiente.
Elena era una de las privilegiadas por estar sentada. Sus pantalones de tela bien planchados por su madre y su liston azul en el cabello dejandole una cola de caballo la hacían la adolecente mas linda del metro. La chemise azul que le había regalado la vecina estaba en perfecto estado, solo tenía que colocarle el sello de la escuela y listo. El sueño la invadía, las largas horas en el "msn" sacaban factura. Los ojos se le cerreban, su amigo jose en el puesto de al lado estaba durmiendo. Tenía un chorro de baba en una de las comisuras de sus labios, y el cuello totalmente doblado, seguro que le dolerá cuando se despertará. No era nada seguro quedarse durmiendo en esos minutos, pero el sueño reinaba sobre sus deciciones.
Abrió lentamente el bolso, para ver la hora del reloj escondido. El reloj era su pieza mas valiosa, se lo había dado su mama en el cumpleaños de los 13 y su color rozado y numeros azules la hacían una pieza única y hermosa para ella. Sabía que no podía sacarlo mucho al ojo humano, los dircusos de su madre sobre la inseguridad y los constantes robos a sus amigos la mantenían atenta a cada segundo.
11:35 am
A las 12 tenían historia general, faltaba solo 3 estaciones para Carapita, su estación final. Elena cerro los ojos, y sin saberlo iba ser lo ultimo que vería del mundo que conocía. Escuchaba los rieles, como el metro a una velocidad impresionanate los transportaba. Sentía como el cuerpo se movía en cada curva, simplemente maravilloso; viajar en el metro con los ojos cerrados era una de sus costumbres favoritas. El metro aceleraba, tanto así que el sonido en elos rieles era impresionante, se movía mas de lo normal el vagón, pero de pronto, dejo de escuchar.
Elena estaba acostada en el suelo del vagón. Tenía la frente una mancha de sangre seca; no sabía como llego a esa pocición. Estaba muy confundida.
La brisa golpeaba el metro, este pasaba sobre los rieles cubiertos de arena blanca caliente. Al lado de la unica vía por donde pasaba el metro, estaba el mar cristalino; una via de arena justo del mismo tamaño de los rieles del metro, era lo que resaltaba en tan ancho mar. Las ondas de agua se extendían cuando este mismo pasaba, pequeñas olas de agua salada movían a los peces que comían de los corales pegados a los rieles. El cielo estaba totalmente despejado, ninugna nube. Solo el sol amarillo dando calor y luz a todo el lugar. Los rayos solares se reflejaban en los vidrios del vagón, la niña sentía como se le calentaba la cara poco a poco.
El tren se detuvo lentamente, era el final de la vía. En el medio de los rieles, una gran montaña de piedras grises con algas tapaba el paso. Los pelícanos y gaviotas cazaban los cangrejos de las piedras, otros volaban y caían en perfecta sincronia atrapando los peces sin problemas. Se produjo un sonido fuerte cuando los frenos del metro se activaron, chispas amarillas salían de las ruedas. Ya en segundos estaban parados en la vía que se encontraba en la gran extensión de agua clara.
El sonido de advertencias de puertas mato el silencio. Una gaviota que estaba parada en uno de los vagones voló alarmada por tal estrepidoso ruído.
Pero las puertas no se cerrarón, el pitico siguió sonando...
Mmm, ¿en que estación estamos jose?-
La baba le tenia toda la cara empegostada contra el suelo. El sol le quemaba el otro lado. No sabía, ni tenía la mas remota ídea de la situación en la que se encontraba.
1:23pm
¡Aaagh!, ¡super tarde!... ¿Que me paso?- se paso los dedos por la frente para secarse el sudor, la mano estaba roja con la sangre marcada en ella.
¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagh!!!!- El grito mucho mas agudo que el anterior y mas fuerte. Las aves se asustaron aun más con el grito de Elena que con el fuerte franzo del tren.
La adrenalina subía por sus venas, miraba su entorno, no lo creía. Estaba en el vagón del metro, este estaba completamente vacío. No había rastro de las chamas que dormían, ni del viejito pervertido. Tampoco estaba el ejecutivo con los audífonos, no había nadie estaba sola. Pero lo que le asustaba más, era que no habían paredes de concreto ni lamparas afuera de los vidrios... Solo un amplio mar azul, extendido hacia el horizonte... no había nada mas, ni una señal de vida. Veía los pajaros volar, y caer en picada.
¿Esto es un sueño?- preguntandose extrañada, empezo a caminar, como si asi pudiera solucionar algo, o encontrar alguna respuesta hacia ese echo.
Es imposible, esto no puede ser verdad. No puedo estar acá. Pero lo estoy... ¡Diooooos!, ¿Qué es este lugar?, y ¡peor aun! ¿porque sigue sonando el pito de cierre de puertas?.
Por arte de magía el pito dejo de sonar y las puertas se abrieron. La brisa marina entro por la puerta y el olor a mar inundo el vagón. Elena no pronunciaba nada, ni pensaba alguna cosa. No serviría de nada. Estaba en la mitad del mar. En un sueño largo y mas que sueño, pesadilla. Daba pasos lentos, les temblaban las rodillas, mirando hacía fuera del vagón. El agua golpeaba el vagón, los rieles estaban casi completamente sumergidos. Se veían los peces de colores al borde de las pequeñas piedras que salian de los corales. Sacó medio cuerpo afuera, apoyandose de la puerta, una gran montaña de rocas grises con algas y pajaros por encima tapaba la vía. Al mirar al otro lado, no vió nada; Solo el mismo vacío.
Lo que ella no sabía era que estaba ahí por una razón, que pronto descubrirá.
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